Recordação de Elvas y receta de sericaia


No digo yo que ir a Portugal (bueno, a Elvas, que para mí era sinónimo) desde Badajoz en los años 70 y 80 del siglo pasado fuese como el viaje de Pizarro y los 13 de la fama a la conquista de Perú. Mira que yo soy exagerado y dado a la hipérbole, pero no, no estoy diciendo eso. Sin embargo, tampoco era un viaje tan sencillo como lo es ahora con  el tratado de Schengen en vigor. Ir a Portugal  desde Badajoz hoy en día es un paseo, sin embargo, antes había que ir con el pasaporte (más adelante fue suficiente con el DNI) y parar en la frontera Española, y en la Portuguesa; y de vuelta, en la Portuguesa y de nuevo en la Española. Y te podían abrir el maletero del coche por si llevabas más cosas de las que podías traer a España sin pagar en la aduana y… Bueno, pues eso, que yo no digo que ir a Portugal antes fuese como el viaje de Francisco de Hoces cruzando el cabo el Hornos, pero sí era algo más complejo que ahora.

Había dos razones fundamentales, vitales pensarían algunos, por las que se iba en aquella época a Portugal (a Elvas): ir a comprar toallas y demás ajuar, o ir a acompañar a alguien que no era de Badajoz (algún forastero) que decía que venía a hacerte una visita pero que, en realidad, lo que quería era comprar toallas y demás ajuar. Que digo yo, que no sé porqué era tan necesario hacer ese viaje. Ya sabéis, no quiero parecer exagerado, que no era como el viaje de Ponce de León en busca de la Fuente Juvencia, pero hacerlo para comprar unas toallas, como que no parecía muy lógico. Menos mal que había alguna recompensa.

El ritual en Elvas era siempre el mismo. Se paseaba por sus calles entrando en las tiendas a ver y comprar las tan ansiadas toallas, los mayores tomaban algún café y cuando se terminaba… Bueno aquí estaba lo bueno. Había dos posibilidades: quedarse a comer en alguno de sus restaurantes, El Cristo era (y sigue siendo) la estrella, o comprar dulces (también mantequilla, queso, paposecos, café, bacalao…, pero lo que a mí más me gustaban eran los dulces) y volver a España. Cuando la suerte estaba de cara, podían ocurrir las dos cosas.

Los portugueses tienen una repostería excepcional, y sobre todo, tienen mucha más tradición en su consumo (aunque esto último quizás sea matizable, y lo que resulta es que en comparación con mi casa, donde apenas se consumían dulce caseros debido a que mi madre no es ni golosa ni repostera, cualquier sitio tiene más tradición). Yo tengo una hipótesis (que algún día tendré que demostrar) que es que la tradición repostera de un país o región es inversamente proporcional a la calidad y cantidad (y por tanto coste) de la fruta que se produzca. Portugal tiene unos dulces extraordinarios y su fruta… bueno, su fruta ni idea, ya he dicho que es una hipótesis que algún día tendré que demostrar. Como decía, la repostería Portuguesa es excepcional, y entrar a comprar dulces en alguna de las pastelerías o cafés que la vendían en Elvas era para mí, un goloso sin remisión, como entrar en el paraíso: Trouxas de ovos, queijadas de Evora, bolos de arroz… y, sobre todo, los pastéis de nata (o de Belém) y la sericaia, que es un dulce originario de la zona de Elvas y que vendían en unos magníficos platos de barro esmaltado, con dibujos de motivos Elvenses (el que podéis ver arriba es uno que aún conserva mi madre). 

A costa de ser pesado, vuelvo a repetir, los viajes a Portugal no eran como, por ejemplo, el que hiciese Lope de Aguirre en busca de El Dorado, pero suponían una pequeña aventura para un crío de 10 u 11 años y que, a pesar del sufrimiento que me suponía la compra de toallas (¡qué conquistador no ha tenido sufrimientos!), terminaban siempre con un final dichoso: poder comer dulces Portugueses. Todos estos dulces eran para mí la justificación de aquellos viajes. En recuerdo de ellos os dejo la receta de la Siricaia.

Siricaia

Ingredientes (para 6 u 8 personas):

  • 6 huevos grandes.
  • 500 ml de leche.
  • 65 gr de harina.
  • 250 gr de azúcar.
  • 1 palo de canela.
  • Canela en polvo.
  • Cáscara de limón.
  • Una pizca de sal.

Elaboración:
Se separan las claras de las yemas, y estas últimas se blanquean con el azúcar.

Se hierve la leche con la canela, la cáscara de limón y la pizca de sal. Una vez hervida se retira la leche del fuego y se quitan la canela y el limón. Se tamiza sobre ella la harina y se bate con unas varillas.
Una vez disuelta la harina en la leche, la mezcla se vuelve a poner en el fuego y se le agrega la yema blanqueada. Se mueve de forma continua a fuego lento con unas varillas o una cuchara hasta que la mezcla se espese. Según indica la receta original portuguesa la masa obtenida debe tener una consistencia que, al moverla con una cuchara, “deje ver el fondo del plato”.

Se baten las claras
a punto de nieve y la crema del paso anterior se echa sobre ella (Rafa Prades me recomienda en los comentarios de esta entrada, que lo haga al revés, es decir, que sea la clara la que eche sobre la crema. Él sabe de cocina mucho más que yo, así que os recomiendo que le hagáis caso), mezclando de forma envolvente para que no bajen mucho las claras. La mezcla obtenida se vierte con una cuchara en un plato de barro. La forma de verter la mezcla con la cuchara es de forma radial, primero en un sentido y luego en sentido contrario (en la receta portuguesa se dice que hay que poner la mezcla de forma “desencontrada”). El hecho de usar una cazuela de barro es porque la siricaia debe hacerse en una cacharro que conserve el calor. El poner la mezcla en diversas direcciones es debido a que de esta manera, al crecer la masa, ésta se rasgará, obteniendose la presentación típica de la sericaia
La mezcla se cubre con abundante canela en polvo y se introduce en el horno, que habrá sido precalentado a unos 200ºC. La finalización de la cocción lo marca el momento en el que la sirecaia se abre. Se saca y se deja enfriar. En el caso de que haya quedado canela en polvo sobre la sericaia, se retira.
En mi caso he tenido el problema de que se rasgó muy ligeramente y se me pasó un poco del punto de cocción, quedando más abizcochada que la sericaia típica. Podéis ver las fotos nada más sacada del horno (no estaba fría y no le había quitado el excedente de canela) y su corte.
COMENTARIO FINAL: Esta sirecaia la hice el sabado por la noche (mientras el atlético sufría una dolorosa derrota frente al Barça) y la comimos en casa de mi madre el domingo. En mi familia somos muy críticos, y todos me dijeron que estaban más ricas  las de Elvas. Aunque es difícil de reconocer, fue así, y el motivo lo he expuesto más arriba: quedó más abizcochada. A pesar de ello, hubo dos motivos de alegría. El primero fue que a pesar de ese comentario, sobró nada más que un pequeño cachito. El segundo es que mi mujer Teresa, que trabaja en Portugal, el lunes comentó el tema y le dijeron que no me preocupase, que la primera vez que se hace una sericaia siempre salía mal (bueno, a mí no me salío tan mal, y ¡seguro que hay una segunda vez!)
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9 respuestas a Recordação de Elvas y receta de sericaia

  1. HoneyBunny dijo:

    a mí no se me olvida que me hicieron el dni con 2 añitos para poder pasar la frontera… mis abuelos eran de Valencia de Alcántara y me iba con ellos en verano, así que siempre pasábamos alguna vez a por toallas 🙂 a Castelo de Vide o Castelo Branco, o a bañarnos en las piscinas naturales (puñetas, qué fría estaba el agua!) y si no, cuando el guardinha se ponía de morros y no dejaba pasar a alguien por tener el carnet caducado, nos quedábamos a comer en el paso fronterizo… aún hoy al pasar siento algo de nostalgia…Yo soy más de los quesitos pequeños de la zona 🙂 Bessos

  2. Santiago dijo:

    Jeje, qué tiempo… si es que parecemos unos puretillas (yo al meno, un abuelo cebolleta total).Bueno, qué quieres que te diga de los quesos. ¡¡¡espectaculares!!! Me encantan también. De hecho, siempre los tengo en casa ya que le suelen regalar a mi mujer.Un abrazo

  3. rafa prades [leoman] dijo:

    Esos recuerdos que describes, me los cuenta mi mujer. En un viaje organizado que hice hace muchos años a Galicia, pasamos a Portugal -no recuerdo el nombre del pueblo- y si es cierto que todo el mundo iba a comprar las toallas, las sábanas, los paños de cocina… Menos mal que la chica con la que iba no le gustaba ir de compras y nos dedicamos a ver el lugar que era muy bonito y a degustar el bacalao -que me chifla- en varias elaboraciones.Al Cristo he ido una vez, cuando todavía había pesetas y te hacían el cambio 1 escudo = 1 peseta. Tengo que volver.En cuanto a la receta tiene muy buena pinta, ya verás como la segunda vez queda mejor. Te he entendido que viertes la especie de crema pastelera sobre las claras montadas. En mi opinión, deberías incorporar poco a poco y con movimientos envolventes, las claras montadas sobre la crema pastelera. Debería quedar así más aireado y mas esponjoso.AbrazosPD: Menos mal que has puesto la entrada, si no la madrina te echa la bronca a su vuelta jejeje

  4. Santiago dijo:

    Gracias por el apunte de qué echar sobre qué. La verdad es que no hago muchos dulces, y en algunas cuestiones patino :-)El Cristo tiene mucha fama. Yo hace muchísimos años que no voy. El recuerdo que tengo es que el servicio dejaba un poco que desear. No se si habrá cambiado. Hay que reconocer que el producto que sirven es muy fresco y tiene muy buen precio.Sí, menos mal que lo puse. Con el carácter que tiene :-DD

  5. comoju - Cova dijo:

    se me olvidó dejarte aquí un comentario, aunque despues de leeros a los 2… se me quitan las ganas de decir nada.. jejejAsí que sólo que me he quedado un poco descolocada con la textura… no la recordaba así y ahora me obligarás a caer en la tentación de hacerla….Ni saludos, ni abrazos, que con este carácter se me han quitado las ganas 😛

  6. Santiago dijo:

    jajaja, hay que ver lo que nos gusta chincharte :-)La textura de la sericaia es como de un bizcocho un poco húmedo. A mí me quedó excesivamente abizcochada. Esperando, esperando, a que se rajase, pues se pasó de punto. Pero muy rica, eso sí.Ale, pues yo te mando besos y abrazos 😀

  7. Sofía dijo:

    Me encanta ver que compartimos recuerdos hispano/portugueses… yo iba mucho a Valencia de Álcantara y, aunque no era Elva lo que iba a visitar, era típico pasar la frontera para comprar toallas… me has traslado a mi niñez, muchas gracias por la receta y por el artículo.Saludos:Sofía.

  8. Santiago dijo:

    Muchas gracias Sofía por tu comentario. El blog lo concibo así. No sólo un lugar en el que se hable de gastronomía y se den recetas, sino también, un lugar en el que se hablen de otras cuestiones, entre ellas de recuerdos que tengo y que me gusta rememorar. Me alegra con ellos haberte trasladado a tu niñez :-)Un abrazo

  9. Raquel dijo:

    Hola 🙂
    Me ha encantado llegar a este post hoy; estas cosas que pasan que… viviendo con una coreana en Londres, llega hoy y me dice “te traje esto, creo que te gustará” y dije “anda, las cazuelitas portuguesas -como llamamos en Badajoz a los pastéis de nata”, así googeleé para mostrale la imagen y así llegué aquí. Justo yo hacía los mismos viajes a Elvas, pero desde Barcarrota: parada en el super -paté de sardina, quesitos, mantequilla, café y, por supuesto, pasteles, a parte de toallas claro-, el Cristo, que siempre estaba llenísimo, o el O Pescador -restaurante pequeñito y mi favorito de la zona- donde el arroz caldoso es una maravilla. Hoy en día, podemos comprar los pasteles portugueses en Badajoz, lo que me alegra bastante 🙂 Un saludico desde London.

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