Historia de un reencuentro. Receta de filloas


Ya os conté en la primera entrada de mi blog (que poco tiempo hace de ello y qué velocidad va cogiendo este espacio gracias a vosotros) que uno de los momentos que recuerdo con más cariño de mis comienzos en la cocina eran los ratos que pasaba con mi abuela Consuelo ayudándola a hacer filloas. Ella se encargaba de hacer la masa, para la que, por supuesto, no necesitaba balanzas ni vasos de medida  (la experiencia era suficiente). Yo, debido a una rotura de cadera que le impedía estar mucho tiempo de pie, era el encargado de hacerlas en la sartén.

Supongo que sabréis que al cuajar las filloas se les da la vuelta, debido a su finura, con los dedos. Con las primeras filloas los dedos mantienen su integridad, pero a medida que vamos aumentando el número de ellas empieza a complicarse el tema y comienzas a preguntarte si las huellas dactilares de tus dedos se terminarán integrando con el fondo de la sartén. Recuerdo que le preguntaba a mi abuela si no me podía poner un esparadrapo para protegerme las yemas, pero ella siempre se negaba, diciéndome que si me los ponía se quedarían pegadas al esparadrapo y se estropearían (curiosamente, Belén, de Cocinar para Dos, en el excelente vídeo en el que da la receta y explica cómo hacerlas, cuenta que su madre usaba este procedimiento para protegerlas). Yo, como un yogui en búsqueda de la etapa de completa absorción, continuaba a yema descubierta dando vueltas a filloas para siete personas.

Ya sabéis que soy algo dado a la exageración, pero me atrevería a decir que cocinar filloas a edad adolescente es equivalente a una educación espartana enfocada a la aceptación del dolor inherente del hecho de cocinar. Y es bueno aprenderlo a temprana edad. No sabré cómo agradecer a mi abuela que me impidiese usar otra herramienta distinta a las yemas de mis dedos. Pero aún hay más. Se aprende a sobrevivir y a buscar soluciones. No hacen falta más de 3 o 4 filloas para darte cuenta que el hacerlas tan finas no es mera conclusión gastronómica de los suave que pueden llegar a ser, sino un acto de supervivencia, ya que a más gorda sea la filloa mayor probabilidad tienes de hacerte una quemadura en los dedos.

Como os decía, tengo muy buen recuerdo de aquellos momentos y quise, al cabo del tiempo, rememorarlos. Desgraciadamente no encontré la receta de mi abuela. Como sustitutivo busqué por internet y usaba algunas de las que encontré. Hace unos meses le pedí a mi madre el recetario que mi abuela le dicto cuando se casó, y me dediqué a buscarla. Pensé que allí se encontraría, aunque mi madre no las había hecho nunca, pero releí varias veces los nombres de las distintas recetas y no tuve éxito. Sin embargo ya no es necesario seguir con la búsqueda. El otro día que mi madre vino a comer a casa se lo comenté y ella me dijo: “Santiago, la receta de las filloas son las que tengo puesta con el nombre de creps. Tu abuela nunca hizo creps”. Y allí estaba, por fín, la tan ansiada receta. Quizás no haya diferencias con las que se pueden encontrar en otros muchos recetarios o blogs de cocina, pero esta receta es especial. Al fin y al cabo, es la receta de filloas de mi abuela.

Filloas

Ingredientes (para unas 35-40 filloas):

  • 4 huevos grandes.
  • 75 gramos de harina.
  • 300 ml. de leche.
  • 1 pizca de sal.
  • 1 cucharadita de mantequilla.

Elaboración:

Se baten los huevos y se tamiza la harina sobre ellos. Se agrega la leche, la pizca de sal y la mantequilla que habrá que haberla sacado un tiempo antes de la nevera. Se bate bien con las varillas hasta obtener una masa homogénea (no pasa nada si queda la mantequilla en pequeños grumitos).

Para cuajar las filloas lo tradicional es utilizar tocino, sin embargo podéis usar también mantequilla sin sal. Se debe emplear sólo la que necesitemos para engrasar la sartén. Hay que echarla sobre ella, que estará a fuego medio, y si queda algún sobrante se vuelca sobre una tacita para desecharla. Cuando veáis que las filloas empiezan a pegarse a la sartén un poquitín más de la cuenta (será cada 2 o 3 filloas), volvéis a engrasar la sartén.
Mientras que tenéis la sartén un poco inclinada y separada del fuego, con la otra mano se empieza a verter la masa, usando un cazo de servir sopa, mientras empezamos a girar la sartén. La masa debe cubrir el fondo de ésta, intentando que quede lo más fina posible. Si ves que la masa está demasiado espesa como para que, con el movimiento de la sartén, se cubra el fondo, o si quedan demasiado gorditas, debes echar a la masa un poco más de leche. Sin embargo, si queda demasiado líquida y se rompen, deben añadir algo más de harina.
 Tras haber cubierto el fondo con la masa, debes dejar cuajarla durante un par de minutos y, entonces, empieza el fatídico momento de darle la vuelta con los dedos. Para ello tienes que ayudarte de una espátula pequeña o de un cuchillo romo (de los que se emplean para untar mantequilla o paté). Levanta con él ligeramente el borde, y ayúdate de las dos manos para darle la vuelta. Déjala durante uno o dos minutos y, de nuevo con los dedos, retírala y ponla sobre un plato.
 Como habrás visto por la lista de ingredientes, las filloas no son dulces, y se pueden emplear tanto para platos dulces como salados. Nosotros, en casa, el plato que veis en la fotografía de abajo, las comimos de diversas formas: con un poco de azúcar, con azúcar y canela, con chocolate y, yo, rellenas con unas fresas maceradas con un chorrín de vinagre y azucar que me habían sobrado de esta excelente receta de David Monaguillo. De una cosa estoy seguro, sea de la forma que sea, las filloas volarán mucho más rápido que la sensación a quemazón que te quedarán en los dedos tras cocinar casi 40 filloas.
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8 respuestas a Historia de un reencuentro. Receta de filloas

  1. Monaguillo dijo:

    me estoy empezando a quemar los dedos al teclear por tu culpa..!! jejepedazo de post, si señor…. uno de esos "a flor de piel"… me ha gustado muchoo!!Y mil gracias por la mencion..!!! 😀

  2. Marta Miranda dijo:

    Santiago, gran post, me ha encantado la historia de tu abuela, las filloas, tus yemas, y cómo la cuentas. Un abrazo!

  3. Santiago dijo:

    David muchas gracias. Lo de ponerte en nómina lo iré pensando, jeje. Y si no, ya quedaremos un día y te invito a unas tapas 🙂Marta, la que era grande era mi abuela, y así es sencillo que salga un buen popst. Muchas gracias por el comentario y, una cosa, que como digo en el post, yo soy un exagerado, jejeje, y no es para tanto lo de los dedos 😛

  4. SandeeA dijo:

    como no va a ser una receta especial, si es de tu abuela, y nos la cuentas así! Eso sí, nada de sufrir… hay que lanzarlas al vuelo para darles la vuelta (sin ánimo de corregir a tu abuela eh?) luego ya si quieres educación espartana, puedes comértelas muy calientes para sufrir un poco… feliz fin de semana! PD: voy a empezar a pensar que te traes algo con el monaguillo 😛

  5. Belén - Cocinar para 2 dijo:

    Que grandes son estos post que te traen tantos recuerdos y que no puedes evitar escribir con una sonrisa! Muchísimas gracias por la mención y enlazar el vídeo! Un beso!

  6. MªJosé Gimeno dijo:

    Cada día me gusta más tu blog. Se nota que lo escribes desde el corazón.En cuanto a las filloas (crepes, frixuelos…..) a mi me encanta montarlas como una tarta intercalando capas de fruta, chocolate y nata jeje. Manjar de dioses.Besicos

  7. Elena dijo:

    Qué ricas! me encantan las recetas típicas y clásicas y si se acompañan de una historia entrañable, mejor que mejor.

  8. Santiago dijo:

    Sandra no sé yo si unas a filloas se les puede dar la vuelta lanzándolas al aire, pero bueno.Jejé si te contase que lo del ímpetu y que lo importante era que estuviese buena se refería a las fresas, pues ya sabes qué nos traemos el monaguillo y yo entre manos, jejejeUn beso y muchas gracias 🙂Belén como ya te comenté, muchas gracias a ti por eso vídeo que tan bien explica cómo hacer las filloas.Mª José la próxima vez que las haga las montaré como tú me dices. Gracias por la idea, y por el comentario 🙂Elena muchas gracias por tu comentario. Nos leemos 😉

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