Destino Carvoeiro


Salimos de Badajoz el día de San Juan sobre las 12 de la mañana (no hay forma, por más que nos empeñemos nunca somos capaces de salir de viaje más temprano). El destino Carvoeiro (Lagoa), en el Algarve, al sur de Portugal.

El TomTom se empeñaba en mandarme por la autopista. Unos 215 kilómetros dirección este por la IP7, seguidos de unos 165 kilómetros hacia el sur por la IP1 y la Auto-Estrada do Sul. El último tramo, unos pocos kilómetros, por carreteras comarcales. Como tengo tendencia a coger trochas siempre que las haya, decidí no hacer caso al GPS y desviarme a la altura de Évora, quizás la más bella ciudad del Alentejo,  patrimonio de la humanidad desde el año 1986. Aunque no comimos aquí por la hora a la que pasamos, la opción, supongo, habría sido la de ir Fialho, el restaurante con más fama y tradición de Évora (y quizás también de los más caros). Es un local en el que se sirven platos de cocina tradicional alentejana y portuguesa, con productos de muy buena calidad. Hace años ya que fui por última vez y por aquella época me gustó. No sé cómo habrá evolucionado, pero J.R. Alonso de la Torre, en su magnífico libro Restaurantes de la Raya, indica que “Fialho […] no sorprende, pero tampoco desfrauda” o “Le falta la emoción de lo desconocido, pero le sobra garantía”, lo que da idea clara que qué podemos encontrar allí.

Pasado Évora tomamos dirección sureste, por la trocha (no se le puede denominar de otra forma) de la IP2, dejando a la izquierda, a unos 20 kilómetros de nuestra ruta, Reguengos de Monsaraz, centro neurálgico de una de las zona vitivinícolas  más importantes de Portugal. Tras un dos horas y media o tres conduciendo, y después de parar a comprar pan y unas linguas de veado, llegamos, por fin, a Carvoeiro.

Carvoeiro es una pedanía, o freguesia como lo denominan los portugueses, de Lagoa. Aunque conocemos bastantes lugares del Algarve, no habíamos estado antes aquí y realmente nos ha sorprendido por su belleza. Sus playas, de arenas de grano grueso, se encuentran enclavadas en zonas de acantilados de rocas sedimentarias. De las que visitamos fue praia marinha la más espectacular (en realidad es un conjunto de playas separadas entre ellas por salientes de rocas). Sus acantilados, las rocas que emergen del agua y las caprichosas formas de ambos, confiere al lugar de un aspecto paradisíaco. Podéis ver en el photostrema en Flickr de Jose Viegas algunas fotos espectaculares de la playa. Eso sí, cuando sube la marea es una playa un poco peligrosa en la que será complicado que los niños, si viajáis con ellos, se puedan bañar. Además no podréis conocer todas las playas. Por ello os recomiendo que vayáis con marea baja.

Por supuesto no todo fue playa. También había que comer. El día que llegamos a Carvoeiro la recepcionista de los apartamentos turísticos Rocha Brava (nos gustaron mucho, sobre todo para ir con niños y en plan tranquilo como nosotros teníamos previsto), nos señalón en un mapa turístico un lugar donde, según ella, había varios restaurante en los que servían pescado muy fresco. Curiosamente ninguno de ellos aparecían referenciados allí; lo que, en determinadas situaciones (y lugares) pueden ser hasta un indicio de calidad.

De vuelta de la playa Marinha pasamos por el lugar que nos había indicado la recepcionista, y de entre los distintos locales que había elegimos para comer, simplemente por ubicación y porque otro restaurante previo en el que habíamos parado sólo servían cenas,  la Casa de pasto Lamy, que se encuentra en las laderas de una elevación a la vera de Praia Benagil.

Debido a su ubicación es un local estrecho y alargado, con una zona exterior con mesas de plástico y sombrillas, y un comedor interior con unas cristaleras. Fue aquí donde comimos. Se estaba francamente bien debido a una muy agradable brisa marina que corría entre los ventanales abiertos. Las vistas a la playa son espectaculares.

Una cosa que agradecí fue no encontrarme la mesa de los aperitivos que suelen poner en las mesas de los restaurante portugueses (si alguna vez vais a alguno y os lo encontráis decid sin ningún complejo que se lleven aquellas cosas que no queráis). Por supuesto íbamos en busca de pescado pero antes de ello pedimos una cestilla con las típicas mantequillas y patés (sí, sí, esa que os decía yo que me alegré tanto de que no me hubiesen puesto por defecto, pero es que mis hijos tienen incrustado en su mente que una comida en un restaurante portugués empieza siempre comiendo pan con mantequilla). Además de lo anterior pedimos un queso mezcla de leche de oveja cruda y vaca, que resultó mantecoso, suave y muy adecuado para el comienzo de la comida. Preguntamos su marca y el dueño del local nos indicó que no lo íbamos a encontrar, no sé muy bien porqué. Resultó que el queso es un queso de Paulo Jorge Vinha Corvelo, elaborado en una Freguesía de Borba (Rio de Moinhos), un pueblo a escasos 40 kilómetros de Badajoz, por lo que intentaré buscarlo. Como, según él, no lo conseguiríamos nos escribió la referencia de otros dos quesos que él nos recomendaba. Uno de ellos era uno los famosísimos quesucos de leche de oveja cruda de la Serra da Estrela, en concreto de la marca Tavares. La segunda recomendación fue de los quesos de leche cabra de la Serra da Gardunha. No los conozco y tendré que probarlos. De estos últimos no nos indicó ninguna marca en concreto.

Después del aperitivo, que acompañé de una magnífica cerveza Super Bock, nos trajeron el pescado. De entre los que tenían frescos del día elegimos un excepcional Róbalo de 2 kilos que hicieron a la parrilla (grelhado en portugués). Los portugueses tienen una gran maestría en la elaboración de productos a la brasa, y en este caso no hubo excepción. El pescado lo presentaron cortado a la mitad, con una majado de ajo, perejil (salsa en portugués) y aceite de oliva.  El punto de cocción muy logrado (quizás a mí me habría gustado un pelín menos hecho, pero entiendo que mi gusto no es el habitual en estos casos). La prueba de que estaba realmente rico es que mi hijo Jorge, de diez años de edad, que entró diciendo que él quería comer carne, repitió hasta tres veces mientras se relamía y decía que estaba riquísimo.

Para acompañar pusieron unas patatas, judías verdes, zanahorias y brócoli con el punto exacto de cocción; y una ensalada que tenía, como toque exótico, un poco de aguacate.

Como postre, y ya que no nos decidíamos, pedimos un plato con un poco, que luego no resultó tan poco, de cada una de las tartas que nos ofrecían. Como ya os comenté en la entrada de la sericaia, la repostería portuguesa es excepcional, y de nuevo se volvió a cumplir esta máxima. La tartas que probamos fueron un púdim de naranja y otro de limón, una tarta de almendra, otra de higo y una última tarta de algarroba, muy típica de esta zona y que para mi gusto fue la mejor de todas.

Para terminar, ¡qué mejor forma de hacerlo!, nos invitaron a una copa de un excepcional aguardiente seco hecho por el dueño del local.

¡Ah!, se me olvidaba. Mi hija Marta decidió comerse un polo de Hanna-Montanna, que traía de regalo, por llamarlo de alguna manera, una sábana-calcamonía que, por supuesto, se colocó instantaneamente en el brazo. ¡Qué le vamos a hacer, en el paraíso también debe existir un cachito de infierno!

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7 respuestas a Destino Carvoeiro

  1. Holly Cocina dijo:

    Me encanta la tarta de Algarroba, desconocida en muchos sitios, y en mi opinión bastante sorprendente 🙂

    Bueno, a mí es que me encanta Portugal. Todo.

  2. Pues a mi me pasa como a Rosana, que me encanta Portugal, sin duda el Algarve maravilloso por sus paisajes, playas y gastronomía.
    Abrazotes para tus enanos… se ve que se lo pasaron de lujo 😉

    • Santiago dijo:

      Mis hijos se lo pasaron fenomenal, aunque la playa de la que hablo en el post no pudieron catarla y se quedaron en la orilla. Había una resaca increíble.
      Un abrazo

  3. miriam salamanca dijo:

    muchas gracias por toda la información que das, muy util. Bs

  4. maricarmen dijo:

    Hola,estaba ojeando tu blog y me gusta mucho,estaba intentando hacerme seguidora,no se si lo echo bien ,y me encuentro con la foto de mi hija Mayte Hortelano,era seguidora tuya,me a impactado jooooo.Muchas gracias un bs

    • Santiago dijo:

      Hola Mari Carmen,
      conocía el blog de tu hija y, como a todos los que nos dedicamos a esto, me dolió en el corazón su pérdida.
      Me hace muchísima ilusión que decidas seguir el mío, como ella lo hizo antes; pero me hace mucha más ilusión que hayáis decidido continuar con las publicaciones en el suyo.
      Un beso muy fuerte
      Santiago

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