Membrillo al horno con licor de moras


Había una región, en otra época, en la que los problemas se arreglaban a membrillazos. Sí, sí, a mebrillazos. En otras zonas más cálidas era a cocotazos, pero en ésta no. Quizás no me creáis, pero era así. Que uno, por ejemplo, pensaba que alguien le había mirado mal, cuestión muy afrentosa, pues membrillazo que te crió.

Podría parecer duro aquel país (bueno, quizás penséis que eran mucho más duros los membrillos). Sin embargo no lo era. Afortunadamente la época conflictiva era solo el otoño, época de mebrillos. Y he aquí la gran ventaja. En realizad este país no tenía apenas conflictos. Sólo en esa época tenían problemas sus habitantes. El resto del año todo era amor y concordia. Amor y concordia excepto para los rencorosos. Ellos fueron la raíz de todos los males.

Un día de invierno un rencoroso se encontraba en su cueva (sí, sí, de esto ha pasado ya mucho tiempo) y todavía se acordaba de un membrillazo que le había lanzado un vecino. El motivo de su lanzamiento había sido una tontería, como casi siempre: había intentado quitarle la piedra de hacer piedras (que sí, que sí, que hace muchos años de todo esto), la que usaban para dar filo a las hachas y otros útiles. La cuestión es que se encontraba en su cueva pensando: “Qué membrillazo me dio. Y no me dio tiempo de devolvérselo. Pero ahora ya no hay membrillos. ¿Qué podré hacer para vengarme de él?”. Y de pronto se le encendió la lucecita: “El próximo otoño recogeré todos los membrillos que pueda y me pasaré toda la temporada tirándoselos”.

El rencoroso esperó y cada día se encontraba peor, aunque él no lo sabía e incluso creía que su momento de felicidad se encontraba ya cerca. Cuando empezaron a salir los membrillos, comenzó a recogerlos alocadamente. Los recolectaba y los guardaba sin parar. Era tan compulsiva su actividad que llegó a olvidar porqué lo hacía. Cuando dejó de encontrar membrillos se sentó a descansar y se pregunto: “¿Y qué hago ahora con estos membrillos?”. No sabía qué hacía aquel montón inmenso de membrillos en el hueco de la cueva que empleaba para su almacenamiento.

Tras varios días pensando encontró la solución a su problema: debido a que en ese periodo de tiempo no había membrillos que tirarse entre unos y otros, él los dejaría y exigiría que, en el siguiente otoño se lo devolviesen junto con otro más. De esta forma se convertiría en “el dueño y señor” de los membrillos, sería un hombre influyente y tendría poder. Debido a la actitud del rencoroso, lo que había sido una región tranquila y sin conflictos durante tres cuartas partes de años, se convirtió en una zona con problemas y peleas durante todo el año y en la que sus habitantes trabajaban durante una buena temporada para pagar sus deudas. Como decía, fue el comienzo de todos los problemas.

Años después la usura del membrillo terminó y fue sustituida por la de otros elementos más absurdos aún. Eso sí, afortunadamente se aprendió la técnica de domesticar a los membrillos y se vio que al calentarlos, lo que era inicialmente una masa dura (ya os contaba, servía para abrir la cabeza de los vecinos), se convertía en una carne suave de acidez irresistible. Algunas de las recetas todavía perduran.

Membrillos al horno con licor de moras salvajes

Ingredientes:

  • 1 membrillo de 1 kg aproximadamente.
  • Azúcar.
  • Licor de moras.
  • 20-30 gramos de mantequilla.
  • Agua.

Elaboración:

  1. Se limpia bien el membrillo quitando la pelusa de la piel. Se corta longitudinalmente y se elimina el corazón y las partes duras centrales.
  2. Con un vacía patatas hacemos bolitas con la carne del membrillo, dejando parte de ella sin cortar. Ponemos las bolitas dentro del membrillo.
  3. En cada una de las mitades del membrillo ponemos el azúcar (bastante), el licor de moras al gusto, un chorrín de agua y la mantequilla cortada en pequeños cuadritos. En la fuente donde hayamos colocado los membrillos echamos un poquitín de licor y agua.
  4. Introducimos el membrillo en el horno a una temperatura de 150º durante una hora y veinte minutos. Tras ello ponemos el grill y tostamos la superficie (entre cinco y diez minuto dependiendo de la potencia del grill). Servimos y a disfrutar.

Notas:

  1. Yo he empleado licor de moras, pero podéis usar cualquier otro licor que os guste. También podéis utilizar vino blanco dulce. En el fondo esta es la misma receta que las manzanas asadas, así que podéis hacer los membrillos de igual forma que acostumbréis a hacerlas.
  2. La textura de los trozos cortados y de la carne no cortada es muy distinta. La primera queda crujiente y algo durita, mientras que la segunda queda más suave y melosa. En función de qué os guste más podréis cortar más o menos bolitas.
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8 respuestas a Membrillo al horno con licor de moras

  1. comoju-Cova dijo:

    Sólo he usado los membrillos para hacer Dulce de Membrillo, y ahora además de enterarme que sirvieron para andar a membrillazos jeje, puedo asarlos en el horno…

    Como siempre, aprendiendo por estos lares. Mil Gracias

    Un beso

  2. NapRepet dijo:

    Después de esa lección magistral de la historia de los membrillo, habrá que hacer esta receta antes de que nos corten los… membrillos de nuevo.. jejeje Estupendo paso a paso
    Un saludo

    • Santiago dijo:

      La verdad es que yo no sé cómo estas historias no salen en los libros. Son momentos claves de la historia 😛
      Muchas gracias por el comentario, y pruébalos que están muy ricos
      Un abrazo

  3. pues yo nunca he probado a comerlo asado, pero con la babilla colgando….sólo se me ocurre pensar en lo rico que tiene que estar:)

    • Santiago dijo:

      Muchas gracias Begoña por tu comentario. Es curioso, al ver esta entrada casi todo el mundo dice que le parece una forma original de hacer los membrillos, cuando en mi caso ha sido la forma habitual de hacerlos, ya que en el fondo el membrillo es pariente lejana de las manzanas y le va igual de bien que a ellas prepararlas así.
      Un saludo y espero que te gusten
      Santiago

  4. Me encanta el membrillo, como todas las frutas o verduras acidas tienen lo suyo…. Siempre comí el clásico ate de membrillo acompañado de una rebanada de queso . …. Tu historia me parece formidable y la receta igual, a lo mejor le viene bien un poquito de nueces picaditas por encima… (como hacemos las manzanas asadas)…. Me alegra haber encontrado tu blog , es estupendo!….

    Saludos desde Montreal Canadá,

    atte. Paco Perez @ dp

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